Posteado por: francescalasarte en: 06/17/2007
Esto no tiene nada que ver con el libro de Ray Loriga que lleva estas tres sílabas por título para justificar no sé cuantas páginas de reflexiones sin conexión. Tampoco, con los bomberos o el personal de recate delos atentados del World Trade Center, ni con la serie (no directamente, al menos). Tiene que ver, más bien, con nosotros: con los peruanos y nuestro día a día. Y quién sabe, ¡tal vez con nuestro mañana y pasado también!
Si algo me ha llamado la atención desde chica es la tangible carencia de héroes que tenemos en este querido y tantas veces vilipendiado Perú. La total falta de importancia con la que tratamos al tema de tener algo nuestro en que creer o que admirar. El poco sentido común con el que criamos a nuestras nuevas generaciones inculcándoles de paporreta nombres, sin darles, en ningún momento eso que el mundo parece pedir a gritos: héroes.
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No es que esto de tener “héroes” sea una competencia de talentos o de márketing y dibujantes de la Marvel o DC. Pero, en cierta medida, uno se da cuenta de que alrededor del mundo existe no sólo una legión de presidentes míticos, emperadores y conquistadores, músicos y sabios, deportistas y literatos sino que, a demás, el concepto se ficcioniza con un casi inagotable bastión de kriptoníticos, goticomaniáticos, mutantes y meta-humanos, vikingos con espadas y demás bichos a los que hemos admirado desde nuestra niñez.
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Ninguno de nuestros presidentes, ni nuestros estadistas, ni los próceres, ni los pobrecitos soldados de Tiwinza han salido alguna vez en mención. Sólo dos literatos (está bien, está bien: Y el Papa) conforman la fórmula de contestar preguntas de las candidatas de un certamen de belleza y, si nos vamos a ámbitos más especializados de la opinión popular, es decir, si nos ponemos a hacer una encuesta entre niños de primaria (so pretexto de las Fiestas Patrias o cualquier otro feriado que implique “peruanidad”), veremos que cuando preguntemos por los héroes favoritos estos resultan ser BatMAN, SuperMAN y SpiderMAN. Y si quisiéramos remediar la vergüenza diciendo que “los niños se dejan llevar por los dibujitos y la televisión” entonces porqué el Súper Cholo no vuelve del futuro a defender la ciudad o tal vez Robotombo, o (para los más creciditos) Caraxoman?
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El Perú es un país complejo y con esta frase no estoy aportando nada nuevo. Sólo la incluyo entre este compendio de letras porque, parte de esa complejidad (si no toda) está basada en la dispersión racial y cultural de la gente que habita estas cuatro letras que delimitan nuestro territorio. El tema de no tener héroes implica, también, no tener puntos de comunión en la visión de un país. Y sin la visión de un país, sin un presente o un “ahora”, es casi imposible proyectarnos con firmeza en un futuro. Nuestra variedad de etnias, creencias, tradiciones y culturas nos hace un cartel perfecto de atractivo turístico pero, detrás de bambalinas un paraíso multitodo casi imposible de unificar.
El hecho de que no sólo no coincidamos en los que deberían ser nuestros héroes, sino que no nos importen estos personajes deja traslucir una tremenda desidia por parte de cada uno de nosotros: por cada padre, maestro e hijo, generaciones tras generaciones. Podemos cortarnos las venas por Héctor Lavoe, Harry Potter o imitar Chicas Superpoderosas, pero ni siquiera una vez se nos pasa por la mente una vez jugar a los próceres ni decir con orgullo “Yo soy la señora que cantó por primera vez el Himno Nacional”. No idolatramos al Súper Cholo ni dedicamos una industria transnacional a un héroe que defienda nuestra nación o alguna ciudad. Nuestros personajes ficticios son ácidos o irónicos y más que paladines, son remedos de nuestros defectos: caricaturas, pero no antihéroes. Dedos para señalar las basura, rara vez, manos para barrerla.
Y quizás (sólo quizás) no esté exagerando al plagiar a Zarathustra su más comercializada frase, para reciclarla una vez más: Nuestros héroes han muerto. Los hemos matado.
Maria parado de Bellido es un colegio, la estatua de Bolognesi sirve para treparse a la hora de hacer huelgas, el Palé Concert es una pollería más en medio del Jirón de la Unión.