Posteado por: francescalasarte en: 06/17/2007
Si hay algo que me molesta de estos tiempos es que me salió todo mal. Cuando tenía 13 años y escuchaba mi cassette de Smashing Pumkins, todo lo que podía hacer al oír 1979 era pensar en que, algún día, me tocaría mi turno de saltar a la piscina y besarme con alguien, como los que salían en el video; así, medio borracha medio despierta.
Sin embargo, no hay piscinas en el 2002, ni chicos con quien besarse; ni camisas a cuadros, nunca más. No hay pelos greñudos, ni jeans hiper anchos, ni más Nirvana ni nada de lo que me esperé encontrar. Estoy medio borracha medio despierta, pero, de alguna manera, es sólo para olvidar que lo que en verdad quería hacer ya no se puede y que ahora, con 21 años, estoy vieja y falta de generación.
En 1994, cuando yo tenía 13 años y el grunge era lo único y lo mejor, la gente de 20 a 27 años, universitarios y desempleados todos, era la que realmente mandaba sobre las cosas… O al menos así me lo mostraba la Tv. Winona Rider flirteaba con todos, Axl aún cantaba y Curtney Love era una perfecta rubia desconocida en un mundo donde Madonna no veía amenazado el trono por la juventud. Los cafés eran algo bohemio, chic y de moda y estaban atestados de gente joven, o al menos, así lo quería creer yo.
Al margen de que la generación X no haya sido una corriente extremadamente arraigada en Lima, de alguna manera u otra, nosotros, los que esperábamos entrando a la secundaria, los que íbamos a las primeras fiestas en el Derby y fumábamos un Marlboro Light entre dos y a escondidas, nosotros, esperábamos tener esos 20 años para poder empezar a reinar.
Las fiestas de los coles, las cervezas en lata compradas con el sacrificio de juntar la propina, los cigarros escondidos en la mochila hasta la hora de la salida, todas esas cosas no eran más que preparativos: expectativas y ganas de querer crecer. Travesuras y ¡AY! de la que osara ponerse un escote o usar demasiado maquillaje. Si alguien fumaba marihuana en tercero de media, verdaderamente era una cosa de ¡Jesucristo Dios, Padre y Señor mío!, nadie sabía que existían los ácidos y las únicas pastillas de las que teníamos idea eran el Desenfriolito y, algunas pobres, el Alidol. Nadie usaba escarcha sobre el cuerpo y si corrías bodyboard ya eras cool. La música electrónica era algo parecido al «disco» o a Erasure y si te comprabas un CD tenías que ser millonario y ya.
Tener 13 años en 1994 no era fácil ni cualquier cosa. Era una mierda. El problema es que se suponía que ahora debía ser mejor: y no lo es.
Tener 21 años en el 2002 significa que los íconos son Justin Timberlake y Britney Spears. Que la edad para estar «in» va desde los 14 a los 17 años. Que la secundaria es el mejor momento de tu vida, que te bañas 2 veces todos los días y usas el pelo spiky y con mucho gel. Hacer deporte es lo mejor y si escuchas reggae y te fumas un huiro eres cool. El Derby no existe y si un cole quiere hacer fiesta ¿cómo se le va a ocurrir hacerla en el patio si para eso están los martes en Teatriz?. Hay que estar bronceado todo el año y no comer más que rabanitos todo el día. Si a los 12 no has agarrado con alguien eres una looser, si a los 16 no te has tirado a alguna, estás en buen camino para gay.
Cuando Umberto Eco, en sus ensayos, hablaba sobre el fenómeno de Rita Pavone como primer icono adolescente de los 70′s no tenía idea de en que degeneraría la acepción de «icono adolescente» y (es más), hasta le hubiera hecho un altar con velitas a la Pavone y sus canciones inofensivas y sosas de haber sabido lo que vendría después. Supuestamente la música, el bendito asunto de la «canción comercial» en palabras de Eco, sirve para parametrar y encasillar a una generación: la industria del sonido recicla las preocupaciones adolescentes creando panteones de ídolos que hablan siempre de lo mismo, sin aportar una solución. En los 90′s Cobain gritaba «Rape me, rape me my friend[i]» y del otro lado Alanis contestaba «You gotta know[ii]», el grunge y su vástago agonizante, el Alternativo, hablaban de cuestiones cargadas de ira, de decepción: las mismas frustraciones de siempre, pero con notas sangrantes plagadas de un dejo siempreagrio. Ahora las cosas han cambiado y sería inconcebible que la tonada de moda hablara sobre «tener un martillo para romper el teléfono por el que llamará mamá para recogerme» (preocupación de los adolescentes setenteros, canalizados por Pavone) pero, también, parece inútil desgarrarse la garganta pidiendo explicaciones ¿Para qué? La actual es una generación de toma y bota: Internet, inmediatez, globalización, libre mercado, messenger, «I’m a slave 4 you[iii]», «and I gonna get dirty[iv]». ¿Los mismos cuestionamientos? No lo sé, no los veo mucho en realidad. Excepto por el renacimiento «nü[v]» (metal, grunge, rock, punk) y los intentos punki-pop de Avril y P!nk, lo que oímos más bien son afirmaciones de una sexualidad cada vez más temprana y un aumento escalofriante de las necesidades de consumo. Si Petter Pan saliera de Neverland alguna vez, la palmaría en una después de ½ hora de Mtv.
Karl Mannheim y Pierre Bourdieu, entre otras cosas que tenían que hacer en sus vidas, se dedicaron también a dilucidar a cerca de la cuestión de las generaciones. A grandes rasgos, a lo que estos dos señores llegan es a que las generaciones acaban estando definidas por las diferencias en el modo de producción de los sujetos en el interior de un campo o de un grupo social. No es fácil de digerir del todo la frasecita, pero, en sí, a lo que se refiere es a que los comportamientos similares son los que unifican una generación y, a estos comportamientos, yo agregaría la música y, quizá, uno que otro actor de cine o Tv. La generación X estaba definida por el grunge, los greasers de los 50′ por James Dean y los italianitos de los 70′, según Eco, por niña-mujer, Rita. Hoy, la bandera de la marcha la lleva una verdadera porrista: Britney Spears.
Ir a Larcomar un martes a ver una pela puede convertirse de pronto en lo más deprimente. 12:30, sales de ver una cinta de cine independiente, listo para una última conversa con los patas y luego irte a dormir para levantarte temprano e ir a chambear. Entonces, sales de la oscuridad de las salas y -de pronto- descubres que afuera hay una inmensidad de niños que no llegan ni a los 16, fumando, tomando, gileando, meneando la cola y riendo como si no hubiera nadie-ahí-dentro donde debería de estar la materia gris. Y tú te preguntas «¿Puta Madre, no debería estar yo con mis patas pasándola así?» Es decir, después de todo, ya tienes más de 20. Más o menos la edad en que Alanis Morissette sacó el Jagged Little Pill, en que Nirvana grabó Bleach y que Drew Barrimore dejó su tercer centro de rehabilitación. ¿No se supone que este era tu momento de lanzarte a la piscina y destrozar unos cuantos mini markets de grifo y luz neón?
Pues no. Olvídate de todo eso. Estudia tres carreras si no quieres quedarte fuera. Rómpete los lomos ascendiendo como puedas para anotarlo en tu currículum. ¿Un café?, claro pero procura no reírte muy alto, porque la clientela habitual tiene más de 70 y habla de lo mal que está el país. ¿Camisas a cuadros? Mira, de repente ahora que Nickel Back y su nü-grunge están de moda, al menos consigues que los polos negros vuelvan a ser «in». ¡Dios! ¡¿Qué pasó con todo lo que tenía que pasar?! Pasó. Eso es todo. Lo pasado ya no existe. Se borró, lo borraron con letras de chuecas y llenas de colores bonitos. Por alguna razón, le tocaba ahora a los que miran su veinteavo invierno o más, pero son los teens los que deciden que oír y de qué hablar. El Señor de las Moscas ha conseguido una nueva corte, sólo que, para ir a la matanza, hay que estar a la moda.
La vida ya no es más un tren fugitivo[vi], sino un bus parrandero para los menores de edad y una combi asesina para todos los que ya dejamos (aunque sea hace poco) de ostentar el rótulo «teen». Pop goes the world[vii]. No hay más que decir.
[iv] «Y me voy a volver sucia» estribillo del nuevo sencillo de Christina Aguilera: «Dirty» (sucia), desde su nuevo trabajo «Stripped» (algo así como «desvestida»)
[v] «nü» denominativo para indicar la nueva versión de corrientes antiguas. También se dice: neo, new, nuevo, etc.
[vi] «Runaway train» Otro de los himnos noventeros, a cargo de «Soul Asylum» esta vez. Letra metafórica, video sobre los niños que son robados o desaparecen. Incluida dentro del compacto «Grave Dancers Union»
[vii] Famoso estribillo de canción ochentera. «Men withot hats», si no me equivoco.
me identifico totalmente con esto jaja
Amen Sista! Estoy harta de l niñatos que no saben lo que querien pero, consumen y deciden.
Madre mía, este era nuestro momento y nos lo han robado las Avrils y las Paris
08/11/2007 a 02:03
chistoso.. pero cierto.. mala epoca en la q nos toco vivir la adolecensia .. pero ami no me han faltado los locos inadaptados como yo con quienes echar un puro pasar un buen rato, escuchando beatles floyd, y si nirvana entra en la lista….